El Rincón de las Hadas

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 La Orden de la Prímula

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Mr. JGea
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MensajeTema: La Orden de la Prímula   Mar Mayo 31, 2011 7:03 am

Ey! Gracias a todos los que leyeron el prólogo. A partir de ahora voy a publicar en este nuevo foro. Eso sí: si no leyeron el prólogo no hay problema, no es necesario.
ADVERTENCIAS: La historia es violenta, pero la coloco en este site pues literalmente es un cuento de hadas. Todos los datos sobre las hadas y los elfos que son colocados en la historia son mitos celtas, francos y nórdicos así que no acepto reclamos pues comprobé al menos dos veces cada uno de mis datos.

BREVE SINOPSIS
(PARA QUE NO DIGAN QUE NO LES ADVERTÍ)

Terror en el reino de Tir Nan Og. Hadas y elfos aparecen despedazados sin piedad y las autoras de esta masacre parecen ser cuatro chicas humanas. ¿Por qué? ¿Cuáles son las siniestras intenciones de La Real Orden de Caballeras de la Flor Prímula? ¿Qué secreto esconde la extraña compañía T-Flower Computers? Hadas y elfos se verán envueltos en la batalla más grande de sus vidas. Una batalla por sobrevivir.



I
La pesadilla comienza
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Me veía a mi misma revoloteando alrededor de mi árbol/morada en el centro del bosque. ¡Ah! Cómo amaba mi bosque. Era feliz conviviendo con otras hadas de la raza de las Vily, las hadas arbóreas. Nuestra relación con el bosque era muy especial, el bosque nos proporcionaba un hogar y todo cuanto necesitábamos; nosotras a cambio, lo protegíamos de las amenazas de los seres humanos. No sé en qué momento mis recuerdos de aquellos días se transformaron en sueño, pero lo que sí recuerdo fue mi despertar.
Decepción. Daría lo que fuera con tal de volver a aquellos felices días en vez de estar en un lugar desconocido atada con cadenas de hierro frotadas con savia de acebo. Ni con todo mi poder sería capaz de liberarme. Además también tenía numerosas estacas de hierro clavadas estratégicamente en mi cuerpo para no tocar ningún órgano vital. ¿Por qué? ¿Qué hice para merecer esto? Volví a perderme en mis recuerdos, pero éstos no eran en felices. Para nada.
Ella entró a nuestro bosque y comenzó su ataque. No iba tras el bosque, iba tras nosotras. Chasqueó sus dedos haciendo aparecer sierras que nos persiguieron y nos despedazaban sin piedad. ¿Acaso era una bruja? No lo sé, pero evidentemente era más que humana. Vi morir a todas mis compañeras, pero a mí me dejó vivir. Según ella, me mantendría viva hasta sacar todos los datos necesarios para su plan de aniquilación. No me quedaba nada claro a qué se refería con “plan de aniquilación”; pero me daba miedo. Mucho miedo.
Me clavaba agujas en el cuerpo para tomarme muestras de sangre, cortaba mis cabellos y a veces raspaba mi piel para obtener muestras de tejido. Finalmente, después de una sesión de “investigación científica”, pasaba horas enteras trabajando en una caja que ella llamaba “ordenador portátil”; según ella estudiando los datos que tomaba a partir de mí. Lloré por enésima vez, pero me contuve cuando noté que no estaba sola.
Ella estaba ahí, sonriéndome. Siempre odié su sonrisa; una sonrisa que no era malvada, sino que reflejaba una inocencia infantil. Su sonrisa era felicidad pura. No, ahora que lo pienso, nunca odié su sonrisa. En realidad me daba escalofríos.
— Felicidades. Hoy mismo te dejaré ir. Pero al otro mundo —me dijo con un tono nada malvado, sino un tono igual de infantil que su sonrisa. El mismo tono que usaría un niño pequeño cuando le regalas un dulce. Un tono meloso, inocente y encantador. Un tono que hacía que se me pusieran los pelos de punta, pues venía de ella.
Chasqueó los dedos. Mi presión sanguínea comenzó a subir más y más. No podía resistirlo. Comencé a gritar. El dolor era insoportable. Si seguía así iba a explotar, literalmente.
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— Yara, ven, que es hora de cenar.
— Voy papi, no más termino de limpiar mi casa de muñecas —respondió la joven.
Había sido un día muy ocupado, dividiendo su tiempo entre sus estudios (el examen de ingreso a la universidad sería pronto) y limpiando su gran colección de Barbies.
— Esta mancha roja no sale —se quejó mientras añadía más desinfectante.

¿Qué tal? Espero que a los que les gustó, comenten y a los que no, igual. Me gusta que opinen de mi trabajo. Ahora: los datos que trabajé sobre el hierro y la savia de acebo se basan en un mito franco y uno nórdico. Los francos creían que el acebo neutralizaba la magia de los feéricos. Por su parte los nórdicos sostenían que el hierro los hacía huir, pues es un metal mágico confeccionado por su raza enemiga, los Enanos. Incluso dicen que si hieres a un hada con un pedazo de hierro, esa herida no cerrará nunca. Ni con todo su poder.
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MensajeTema: Cap 2 de la Orden   Jue Jun 02, 2011 10:10 pm

Hola a todos los que me han leído. Espero que les haya gustado. La historia continúa aumentando el nivel de violencia, pero no se preocupen; porque hasta aquí lo pienso dejar. Una vez más: todos mis datos sobre hadas y elfos son mitos celtas, francos y nórdicos así que no acepto reclamos. Pero si hay alguien que quiera cooperar con un dato nuevo; bienvenido sea


II
El rostro del enemigo

Me desperté sobresaltada. Una vez más tuve ese horrible sueño. Nunca conseguía recordarlo. Sólo sabía que siempre era el mismo sueño. Tuve miedo. Sabía que algo dentro de mí quería que recordara algo, algo muy importante; pero no lo conseguía.
La primera vez que tuve el sueño fue hace cinco años, cuando se hallaron los cadáveres de más de cincuenta Hadas Vily. Toda una comunidad aniquilada sin la menor consideración. Fue la primera de aquellas constantes carnicerías en contra de mi pueblo, pero no volvimos a oír un reporte semejante durante cinco años, pero desde hacía dos meses los reportes eran diarios. El número de hadas siempre variaba, pero la brutalidad de las muertes era la misma.
Ahora ese sueño venía a mí diariamente. Tenía algo que ver con las masacres, eso era seguro.

— Lady Titania, Lord Oberon me mandó a buscarla. Hay noticias nuevas sobre los asesinatos.

— Puck, no estoy de humor.

— Hay una sobreviviente…

Me incorporé de un salto y bajé al salón del trono donde me estaba esperando mi marido. Se le miraba muy preocupado.

— ¿Y?

— No le queda mucho tiempo, pero quiere usar sus últimas fuerzas para mostrarnos el rostro del enemigo.

Entonces volví a ver a la sobreviviente, o lo que quedaba de ella. Le habían cortado todas las extremidades, incluso las alas. Estaba en una hoja a modo de camilla mientras varias compañeras trataban de contener la hemorragia de las múltiples cortadas que tenía en el cuerpo.
Ella me vio a los ojos y como era su plan, usó sus últimas fuerzas para mostrarnos la horrible escena.
Todo comenzó normalmente, una chica humana arrancó una flor protegida por un hada jardinera; era rubia, llevaba el cabello corto, blusa rosa, una falda corta y jeans. Como castigo, la chica debería ser convertida en flor para reemplazar la otra. Pero el hechizo salió mal, ella se encogió en vez de transformarse. Entonces tomó al hada por el cuello.

— ¿Todos los feéricos son así de idiotas? Espero que no. Verás cariño: yo soy invulnerable a tu magia. He consumido suficiente jalea de saúco y ensalada de tréboles como para resistir un hechizo de la propia Titania.

— Te encogiste.

— No soy un ser humano común. Yo cambio de tamaño a voluntad. Si estuviera de mi tamaño normal, no podría matarte de la forma que quiero.

Entonces se quitó sus aretes, los cuales eran amuletos de ilusión mágica. Sin ellos, la chica se mostraba tal cual era, con la piel cubierta de una substancia viscosa y transparente color ámbar. Además tenía puesta una horrible armadura con varias cuchillas incorporadas

— Esta es la armadura T-81. Es la sincronización perfecta entre magia y tecnología; la máquina de matar feéricos más perfecta del mundo. Tienes diez segundos para huir antes que venga yo y te haga pedazos. Ahora, corre.

No había que repetirlo. El hada huyó con toda la velocidad que sus alas le permitían, pero pronto una cuchilla apareció frente a ella a una gran velocidad y cortó sus alas.

— Mi trofeo. Bonito.

La caída la había aturdido, por lo que no pudo evita que la chica usara sus cuchillas para cortarle sus piernas y brazos. Ya no había escapatoria.

— No te preocupes linda, soy enfermera por lo que podré mantenerte con vida el tiempo necesario para divertirme contigo por tres días seguiditos.

— No, recibí una llamada de la jefa —dijo otra muchacha con armadura que se apareció detrás de una maleza. — Dice que hoy es el día de declarar la guerra, por lo que debes dejar a ésta en paz.

— ¡Oh! Ni modo… nos vemos en el otro mundo hadita.

Las asesinas se separaron del hada dejándola sola con su dolor. Comenzó a gritar por ayuda. Ya no tenía salvación, pero quería alertarles a todos de la gran amenaza.

El recuerdo terminaba ahí. Todos nos miramos. Si esas malditas querían guerra, eso iban a obtener. Nuestra especie tiene el don de la vida eterna y el don de la magia; pero eso se obtiene a cambio de no tener alma. Si morimos, es nuestro fin absoluto.
Hicimos un homenaje a la chica que nos trajo la información necesaria y pasamos a planificar cómo poder detener a esas dos jóvenes y a todos sus cómplices, porque dos personas no alcanzaban para hacer tanto daño en tan poco tiempo.
La guerra había comenzado,

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Yara terminó de estudiar para su examen de psicoanálisis, que sería el próximo día a primera hora y se fue a dormir. Se envolvió en su edredón color rosa y soñó con caramelos, ositos de felpa y un príncipe azul.
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MensajeTema: Cap 3 de la Orden   Mar Jun 28, 2011 8:05 am

La paciente.


— Muy buenos días, doctora Lily Irwing, expediente número 325B. Fecha de ingreso a este hospital psiquiátrico 21 de noviembre de 2011. Según su expediente, usted ingresó a esa institución por su propia voluntad, ¿verdad?
— Verdad, doctor William Quijana.
— Se le ha solicitado que comparezca ante este comité de evaluación para que nos relate detenidamente los hechos y de acuerdo a lo que usted nos diga, este comité decidirá si está preparada para dejar el establecimiento. ¿Comprende? — la mujer asintió. — Entonces comience.
— Todo comenzó con la llegada de una paciente, a quien sólo llamaré Caso Prímula, dieciséis años atrás. Se trataba de una niña sumamente fea pero con un gran corazón y una depresión igual de grande. Era la hija adoptiva de un hombre muy adinerado, cuya hija biológica fue secuestrada y como resultado su esposa murió de pena; mas parecía que el hombre se alegraba de esos sucesos. Pero volviendo a la niña, ella había sido abandonada por sus padres por razones desconocidas, aunque ella sostenía que era por ser fea. Trataba de explicar su abandono a través de cuentos de hadas, en donde se hacía bastante referencia al mito celta del “changeling”; donde hadas intercambian a sus hijos poco agraciados por humanos que sí llenen sus estándares de belleza. En pocas palabras, se describía a sí misma como un hada abandonada en el mundo humano. Me sorprendió un poco que una niña de cinco años maneje este tipo de mitología, pero no le di importancia. Más adelante, conforme fuimos avanzando en las sesiones, me di cuenta que la niña se culpaba a sí misma por su abandono (y eso que ahora estaba con un padre muy amoroso); por lo que me dí a la tarea de convencerla que ella no tenía la culpa, sino sus padres biológicos. Al cabo de dos semanas comencé a notar cambios en la actitud de la chica. Ahora era muy feliz. Le dije que estaba curada y que ahora podía vivir una vida plena y feliz. No me di cuenta de lo que pasaba en realidad.
— ¿Y luego?
— Volví a verla quince años después, este mismo año; pero ahora no como mi paciente, sino como una de mis alumnas en la clase de Bases del Psicoanálisis, que solía impartir hasta hace poco. Por lo que pude ver se había sometido a varias cirugías del tipo estético para hacerse bonita. Y sí que era una chica linda. Muy femenina.
— Sus compañeros la describían como “femenina hasta la náusea”.
— Es cierto —sonrió la doctora — pero volviendo al asunto principal, caso prímula comenzó a llamarme la atención en su forma de comportarse. Sonreía todo el tiempo, parecía que irradiaba una gran felicidad todos los días a todas horas. Eso me llamó la atención, por lo que le solicité que me concediera unas sesiones para evaluar su comportamiento. Ella aceptó.
— ¿Entonces?
— Tras seis meses de sesiones, me di cuenta que su felicidad infinita era producto de un bloqueo emocional severo. Ella era incapaz de tener otros sentimientos. La felicidad es lo único que ella puede sentir.
— Comprendo. ¿Entonces qué sucedió?
— Me dijo que tenía que mostrarme algo. Su venganza. Me ofreció una taza de un té extraño que tenía en un termo y luego sacó de su mochila una caja de madera que no contenía nada.
— Pero en su declaración inicial…
— No he terminado. En cuanto tomé el primer sorbo del té que me dio ella presencié el más horrible de los espectáculos. La caja no estaba vacía. Era una sala de tortura que contaba con varios aparatos de hospital para mantener vivas a las víctimas el mayor tiempo posible. Pero el colmo fue el hada. Nunca creí que vería a uno de esos seres y menos aún en un estado tan deplorable. Parecía que la habían estado torturando durante semanas.
— ¿Cree que la tal Caso Prímula la drogó?
— No lo sé, pero es lo más seguro. Pero según ella, el té que me dio a beber estaba hecho a base de flores prímulas; que según los cuentos que ella solía escribir y la mitología sajona, dan el poder de ver a estos seres. “Yo no necesito de esto para ver a los de mi propia especie, querida doc. Pero mis amigas me lo agradecen de corazón. Eso y mis diseños de las armaduras anti-feéricas. La perfecta armonía entre magia y tecnología”. Y todo esto me lo dijo con esa estúpida sonrisa en su rostro. Una sonrisa infantil, como la de un niño pequeño cuando le regalan el juguete que tanto deseaba. Todavía me da escalofríos.
— Repito, ¿cree que la drogó?
— Ella me dejó el termo y mandé a analizar la bebida. No contenía alucinógenos de ningún tipo.
— Entonces…
— Entonces pedí que se me internara. Mire colega, no sé ni me importa cuándo saldré. Lo que sí sé, es que cuando lo haga, voy a dejar la psicología y empezaré a darle uso a mi título en lingüística. Buenos días — dijo la mujer mientras se levantaba y se dirigía a su cuarto.
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Muy lejos de ahí, Yara y Elsa de Bravante observaban dubitativas la pantalla del ordenador portátil de Yara.

— Le falta algo. Mi diseño debe de ser perfecto
— Maldita sea, date prisa maldita psicópata. Esperé durante doscientos años la oportunidad de vengarme, por lo que…
— Por lo que puedes esperar un poco más — dijo Yara mandándole a Elsa su característica sonrisa, sonrisa que le causaba escalofríos a los pocos que conocían el lado siniestro de la chica. — Tu tranquila Elsita divina, que pronto de entregaré a Lohengrin para que le hagas lo que quieras…
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